Cómo hacer amigas lesbianas
Por qué cuesta tanto hacer amigas de adulta, cómo usar el chat como primer paso sin exponerte y cómo pasar de la conversación online a un plan presencial con seguridad.
Por qué cuesta más de adulta
A los quince años hacías amigas sin proponértelo, porque compartías seis horas diarias con las mismas personas. La amistad adulta no tiene ese motor: hay que buscarla a propósito, sostenerla con agenda y aceptar que la mayoría de intentos no cuajan. Eso no dice nada malo de ti.
En el caso de las lesbianas hay un factor extra: la posibilidad de coincidir por casualidad con otras mujeres lesbianas es baja, y baja mucho más fuera de las ciudades grandes. Muchas mujeres llegan a los treinta o los cuarenta sin haber tenido nunca una amiga lesbiana, no por falta de ganas, sino por pura aritmética.
La amistad entre lesbianas tiene algo particular
No hace falta traducirse. No tienes que explicar el contexto antes de contar una anécdota, ni calcular cómo va a caer lo que vas a decir, ni decidir si esta vez usas el femenino. Quien lo ha vivido sabe el descanso que es; quien no, suele subestimarlo.
Por eso mucha gente entra a un chat sin ninguna intención romántica y se queda años. La sala #lesbianas tiene conversación diaria sobre series, trabajo, familia, política y tonterías, y de ahí salen amistades que luego siguen fuera, en grupos de mensajería y en quedadas.
El chat como primer paso
El chat tiene una ventaja concreta sobre cualquier otra vía: no te expone. Puedes leer una semana antes de escribir nada, saludar cuando te apetezca y desaparecer sin dar explicaciones. Si te da vergüenza entrar, es normal, y nadie te va a obligar a hablar el primer día.
Un truco que funciona mejor que presentarse: comenta algo del tema que ya se esté hablando en la sala, en vez de abrir uno nuevo. Entrar pidiendo conversación pone a las demás en el papel de tener que entretenerte; entrar opinando te coloca directamente dentro de la conversación.
Fuera del chat
Lo que mejor funciona son las actividades con continuidad, porque la amistad necesita repetición: clubes de lectura, equipos de deporte amateur, voluntariado, coros, grupos de montaña. Las asociaciones LGTB locales suelen tener actividades abiertas, y en muchas ciudades hay grupos específicos de mujeres.
En ciudades pequeñas y pueblos la cosa cambia: puede que no haya nada de eso a mano. Ahí la combinación que suele funcionar es el chat para lo cotidiano y desplazarse de vez en cuando a la capital de provincia para lo presencial. No es ideal, pero es mejor que esperar a que el pueblo cambie.
Del chat al plan presencial
Cuando la conversación lleva tiempo y apetece verse, aplica el mismo sentido común que con cualquier persona desconocida: un sitio público, a plena luz, cuéntaselo a alguien de confianza y ve con tu propio transporte. Nuestros consejos de seguridad lo detallan.
Y baja las expectativas del primer encuentro. Que dos personas se lleven bien escribiendo no garantiza que la conversación fluya en una mesa. A veces sale una amistad de años y a veces sale un café raro de hora y media; ninguna de las dos cosas es un fracaso.