El cambio al modelo de pago y las malas conductas de anfitriones alejan a las viajeras de Couchsurfing hacia redes LGTBI
El cobro de cuotas y las situaciones de acoso de anfitriones varones han provocado el abandono de Couchsurfing por parte de viajeras, que buscan opciones seguras como Quouch.

La red de alojamiento Couchsurfing, ideada en 2003 por Casey Fenton tras un viaje a Islandia, afronta el descontento de sus usuarias tras haber implementado una membresía obligatoria de pago —que ronda los 22,99 euros al año— durante la pandemia. A la pérdida de la gratuidad que caracterizaba el intercambio solidario se suma el desgaste provocado por anfitriones masculinos que utilizan la aplicación para intentar mantener relaciones íntimas con las viajeras.
Distintas usuarias han señalado situaciones incómodas derivadas de estas conductas. Marta Montojo vivió un episodio de este tipo durante un viaje en solitario por Australia en 2016 con un hospedador que sobrepasó los límites, una circunstancia similar a la afrontada por Zaida en Berlín hace más de una década o por Ariadna durante su recorrido a pie hacia Nepal. La dificultad para marcar límites en una casa ajena y la falta de respeto de algunos hombres hacia las negativas de sus huéspedes han mermado la seguridad percibida en la herramienta.
Frente a este escenario y al cambio de dinámicas en la plataforma, donde perfiles como el de Zaida denuncian también la falta de socialización de los nuevos usuarios, varias viajeras han buscado otros espacios. Es el caso de Lucía Aragón, quien tras dejar la red veterana al volverse de pago se ha sumado a Quouch, una aplicación de hospitalidad orientada de forma específica a la comunidad LGTBI.